Retomo mi actividad con música, con un grupo que se ha hecho en muy poco tiempo en indispensable, y con una canción que ha marcado mi estancia en esta maravillosa y desastrosa ciudad.
sábado, 18 de abril de 2009
Nunca es tarde si la dicha es buena...
Retomo mi actividad con música, con un grupo que se ha hecho en muy poco tiempo en indispensable, y con una canción que ha marcado mi estancia en esta maravillosa y desastrosa ciudad.
sábado, 1 de noviembre de 2008
Romeing!
A pesar de que mi llegada a Roma parece que fue ayer, la verdad es que ya hace más de un mes que estoy aquí y mi vida de estudiante Erasmus ya ha tomado forma. Llegar hasta aquí ha costado lo suyo, pero ahora es cuando soy consciente de que no me arrepiento ni un poco de haber aceptado aquella oferta que no podía rechazar de la cual hablaba en la última entrada de mi anaquel. La vida de estudiante Erasmus está siendo completamente diferente de la de universitaria en Salamanca. Roma: la ciudad eterna. Eso de ciudad eterna se entiende a la perfección en cuanto conoces un poco la ciudad más afondo. Cada día descubres algo nuevo que tiene aún más magia que lo que has visto días anteriores… La Historia se pasea por todas las calles de Roma con una altivez que apabulla y que apenas te deja decidir para donde mirar.
Además de descubrir rincones maravillosos me ha dado también tiempo de ir a un concierto de The Cure para la MTV, de ver un partido del “calzio” italiano (Roma-Inter) y lo más importante de todo: he conocido un montón de gente que me está aportando muchísimas cosas positivas y que sin duda van a ser lo mejor que me pueda llevar de aquí. Pero antes de tener que llevarme nada me queda aún mucho tiempo y muchas cosas de las que disfrutar. La última experiencia ha sido asistir a una manifestación el día 30 de octubre. Las calles de Roma se llenaron de gente para mostrar su descontento con una ley que el gobierno de Berlusconi quiere poner en marcha y que afecta directamente al sistema educativo. Entre otras cosas que propone dicha ley, está la de reducir los presupuestos a la universidad pública. Para la ocasión se unieron jóvenes y mayores que abarrotaron una piazza del Popolo más inmensa que nunca. Los profesores y estudiantes universitarios están moviéndose mucho para conseguir lo que quieren: organizan asambleas, ocupan aulas e incluso facultades, se manifiestan... Asi que esperemos que antes de irme a España pueda ver cómo mejora la situación de una juventud unida por conseguir una educación digna para su futuro.
domingo, 21 de septiembre de 2008
Vamos que nos vamos
No sabría decir cuándo empezó/empieza exactamente la aventura de ser un estudiante erasmus. Si el lunes 22 cuando me suba al avión o aquel día en el que salieron las listas y mi nombre figuraba debajo de La Sapienza (Roma). Desde aquel momento empiezas a pensar cosas, a indagar por Internet, a preguntar a otros erasmus… Pero yo tampoco me lo tomé muy a pecho. Sabía que iba a irme pero no quería agobiarme, lo único que podía conseguir era que entre más información recopilase más dudas fueran asaltándome. Me limité a intentar pasarlo bien durante el verano y a disfrutar de la gente a la que apenas veo durante el curso y a la que veré menos aún durante el siguiente. Lo cierto es que conforme se van agotando los días de verano y se acerca el día de irse más cosas se piensan: qué meto en la maleta, qué hago cuando llegue, en qué hostal me alojo, qué zona es la mejor para vivir una vez allí, cómo será la universidad, qué gente conoceré… La gente. Eso es importante. Piensas en quien conocerás, pero también piensas en los que tienes ganas de perder de vista, en los que no verás hasta que regreses y en aquellos a los que de buena gana te llevarías en la maleta. Piensas en los días que te quedan para irte a vivir un año inolvidable o en los días que te quedan para dejar aquí aquello que es seguro en estos momentos…
A un día de irme no sé realmente lo que siento. Es una mezcla de muchas cosas: miedo, confusión, nostalgia, ilusión, ganas… De todo un poco. Pero lo que más abunda es la ilusión, y al fin y al cabo eso es lo importante. Oportunidades así no se pueden dejar escapar (“Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar”).
lunes, 15 de septiembre de 2008
"Pasaba por aquí y..."
Esto no suele suceder todos los días, pero lo cierto es que sucede. En este cortometraje se puede ver una de esas historias que le dejan a uno con un raro sabor de boca una vez que perdemos el tren…
viernes, 5 de septiembre de 2008
Memoria histórica
Estos días, en los medios de comunicación se habla de nuevo de la memoria histórica. Que si es o no es competencia del juez Baltasar Garzón, que si a tal político le parece bien y al otro le parece reabrir las heridas. Yo escucho atenta todas estas noticias, me alegro de que al fin “Los Bañezanos” de Izagre puedan entregarse a sus familias, y puedan descansar en un lugar digno. No entiendo cuando algunos dicen que eso es reabrir viejas heridas cuando en realidad no es otra cosa que cerrar las que están abiertas, devolviendo los cuerpos de las fosas comunes a sus familiares. Lejos está ya aquel país de las dos Españas, aquella represión y aquella ausencia de libertad, pero algunos políticos parece que están empeñados en ser ellos quienes hereden las maneras de hacer de entonces, negándose ahora a tener memoria histórica.
Ayer por la tarde, vi en la estantería el gran libro de Ramón J. Sender, “Réquiem por un campesino español”, y lo leí de nuevo. No era la primera vez que lo leía, contemplé de nuevo atónita el horror de la guerra, el sufrimiento del país. La historia de “Paco el del Molino” es la misma que la de “Los Bañezanos”, que la del soldado anónimo que apareció en Cartamoza en Villademor, que la de tantos y tantos que se llevó por delante la guerra y la represión de la dictadura. Algunos políticos parece que no saben cuál fue la historia, se les ha olvidado, o quizá, no quieran recordar…
miércoles, 27 de agosto de 2008
Se acercan cambios
No he contado exactamente los días que me quedan para pisar suelo italiano y emprender allí un nuevo curso, pero lo cierto es que los días cada vez pasan más deprisa y las noches cunden más ante la incertidumbre de qué será de mi a la llegada. ¿Miedo? Quizá, siempre da miedo alejarse de lo que quieres y acercarte a lo que en un principio puede resultar desconocido. Pero la idea de irme siempre me ha atraído y no iba a dejar escapar una oportunidad así. Me apetece salir a la calle y encontrarme con cosas que no conozco, caminar y fijarme en el camino para saber cómo regresar… La rutina acaba cansando, incluso la de las vacaciones. Nuevos aires están a la vuelta de la esquina. Cuando menos me lo espere, estaré llenando las maletas, despidiéndome. Cuando menos me lo espere, estaré en la habitación de un hostal cutre, con mi maleta, mi portátil, y un montón de recuerdos e incertidumbres en mi cabeza, dispuesta a pasar un año de esos que llaman inolvidables.
domingo, 25 de mayo de 2008
Se llamaba Soledad
La noche era una de esas que llaman de perros: lluvia, viento y unas temperaturas demasiado bajas para la época primaveral que era. El autobús había llegado con media hora de retraso. Le pesaban las piernas y el cansancio dominaba cada una de las partes de su cuerpo. Como unas temperaturas tan bajas no eran normales de un mes de mayo, ella llegaba con una chaqueta de entretiempo y unas zapatillas de tela, suerte que tenía en el bolso ese paraguas pequeño que le ayudaría a protegerse de las frías gotas de agua mientras esperaba un taxi. El paraguas abierto duró menos que el taxi en llegar. Una ráfaga de viento acabó doblando las varillas y dejándola totalmente indefensa de aquella lluvia que no parecía cesar. Fue hasta una papelera cercana, y maldiciendo la fragilidad de aquel paraguas, lo tiró. En tan solo unos segundos el agua la había empapado, y el viento hacía un efecto congelante. La estación a esas horas ya estaba cerrada y el maldito taxi no llegaba.
En lugar de ponerse a maldecir aquella situación, que no era para menos, la dio por quitarse el pelo que tenía sobre su cara mojada y ponerse a mirar aquella calle desierta en la que no había más vida que la de las alcantarillas que tragaban agua sedientas. La entró un escalofrío, y volvió de nuevo a aquella realidad de frío, agua y viento. Al fin llegó el taxista. Le dijo su destino y no hubo más conversación durante el trayecto. De buena gana ella le hubiera echado mil pestes y le hubiera amenazado con quitarle la licencia, pero sus labios estaban morados, sus piernas pesaban más de lo normal y su cabeza no registraba otra cosa más que la quietud y tranquilidad que había en cada rincón, en cada portal, en cada calle. Mientras se iban sucediendo puertas, coches, escaparates, semáforos y jardines ante la ventanilla del taxi, no deseaba nada más que llegar a casa y darse una ducha caliente.
Llegó a su destino, abrió la puerta del portal y dejando tras ella una hilera de gotas de agua, subió en el ascensor. Mientras éste bajaba desde el cuarto piso observó la tranquilidad que había también en el portal. Al fin entró en casa. Se descalzó en la entrada y entró directa en el baño para darse una ducha antes de acostarse. De nuevo su cuerpo servía de pista de patinaje para las gotas de agua, pero esta vez, la sensación era mucho más agradable, solamente porque cuando se cansara podría cerrar el grifo. Antes de meterse en la cama se sentó y miró a su alrededor. De nuevo observó calma, sosiego, paz... cualquiera diría que aquello parecía el equilibrio. Todo en su sitio, tal cual lo había dejado. Ni un papel fuera de lugar, ni un vaso en el fregadero, ni un calcetín en el suelo de la habitación, ni un pantalón sobre la silla, ningún bolígrafo sin su tapa, todos los cajones herméticamente cerrados, sonrisas perfectas en un portarretratos... Se metió en la cama y apagó la luz. Parece que había parado de llover, ahora solo escuchaba el gorgoteo de las alcantarillas que tragaban el agua del chaparrón... Se dio cuenta de que aquello no se llamaba calma, se llamaba soledad...