miércoles, 22 de abril de 2009

Lo siento, tengo prisa

De nuevo con las prisas me olvidé de coger la cajetilla de tabaco y el mechero. Ayer cuando fumé el último cigarro del día los posé sobre el televisor. Últimamente odio las agujas de mi reloj. Tienen como una especie de conspiración contra mí y van más deprisa impidiéndome hacer tranquilamente las cosas y llegar a tiempo. ¿Llegar a tiempo? Hace tiempo que no llego a tiempo a algo.
Volviendo a lo de antes, quiero fumar un cigarro mientras tomo el primer café del día. Es fácil. Rebusco en mi monedero para reunir la cantidad exacta de un paquete de Chesterfield. Sobre la rejilla de insertar las monedas pone: NO DEVUELVE EL CAMBIO. Ladrones. Después de tres monedas de 50 céntimos, cuatro de 20, cinco de 10, cuatro de 5, dos de 2 y una de 1, obtengo el dichoso paquete. Rápidamente me acerco de nuevo al lugar de la barra donde ya me espera un café solo doble que ahúmalo justo para fumar un cigarro antes de tomarlo. Mientras quito el plástico y hago caso omiso de las autoridades sanitarias miro a mí alrededor buscando a alguien que ahúme como mi café para pedir un mechero pero en ese mismo instante suena el maldito móvil. Una llamada desafortunada y diez segundos más tarde tengo que irme, no hay tiempo. Meto el teléfono en el bolso al mismo tiempo que observo cómo mi café continua ahumando prohibiéndome darle aunque sólo sea un pequeño sorbo. Sin ni siquiera ponerme la chaqueta salgo a la calle y unos pasos más allá, cruzando un paso de peatones, me doy cuenta de que olvidé el paquete de tabaco sobre la barra, junto al café. No hay tiempo para regresar. De nuevo con las prisas.

sábado, 18 de abril de 2009

Nunca es tarde si la dicha es buena...

Ya ha pasado aquel frío que me irritaba las mejillas cuando caminaba por la Città Eterna. La noche aún sigue siendo fría, pero ya no necesito de mi bufanda ni de los jerséis de lana para camuflarme de los termómetros con el mercurio por los suelos. Mi presencia en Roma ha traído mi ausencia a este blog, pero aún sigue vivo. Incluso quizá más vivo que nunca dado que tengo innumerables recuerdos para almacenar en este anaquel.

Retomo mi actividad con música, con un grupo que se ha hecho en muy poco tiempo en indispensable, y con una canción que ha marcado mi estancia en esta maravillosa y desastrosa ciudad.



sábado, 1 de noviembre de 2008

Romeing!

22 de septiembre de 2008. 19:15. Aeropuerto Leonardo da Vinci. Roma. Al fin tocamos suelo italiano después de un día intenso de viaje. Los nervios a flor de piel. Nadie nos había dicho que aquello iba a ser fácil, y en efecto, no lo estaba resultando. En ese momento no iba a ser un día de esos para guardar en mi anaquel de la memoria, pero hoy las cosas se ven desde otra perspectiva y se echan a risa. Anécdotas. Innumerables anécdotas. A cada cual más ridícula y divertida.

A pesar de que mi llegada a Roma parece que fue ayer, la verdad es que ya hace más de un mes que estoy aquí y mi vida de estudiante Erasmus ya ha tomado forma. Llegar hasta aquí ha costado lo suyo, pero ahora es cuando soy consciente de que no me arrepiento ni un poco de haber aceptado aquella oferta que no podía rechazar de la cual hablaba en la última entrada de mi anaquel. La vida de estudiante Erasmus está siendo completamente diferente de la de universitaria en Salamanca. Roma: la ciudad eterna. Eso de ciudad eterna se entiende a la perfección en cuanto conoces un poco la ciudad más afondo. Cada día descubres algo nuevo que tiene aún más magia que lo que has visto días anteriores… La Historia se pasea por todas las calles de Roma con una altivez que apabulla y que apenas te deja decidir para donde mirar.

Además de descubrir rincones maravillosos me ha dado también tiempo de ir a un concierto de The Cure para la MTV, de ver un partido del “calzio” italiano (Roma-Inter) y lo más importante de todo: he conocido un montón de gente que me está aportando muchísimas cosas positivas y que sin duda van a ser lo mejor que me pueda llevar de aquí. Pero antes de tener que llevarme nada me queda aún mucho tiempo y muchas cosas de las que disfrutar. La última experiencia ha sido asistir a una manifestación el día 30 de octubre. Las calles de Roma se llenaron de gente para mostrar su descontento con una ley que el gobierno de Berlusconi quiere poner en marcha y que afecta directamente al sistema educativo. Entre otras cosas que propone dicha ley, está la de reducir los presupuestos a la universidad pública. Para la ocasión se unieron jóvenes y mayores que abarrotaron una piazza del Popolo más inmensa que nunca. Los profesores y estudiantes universitarios están moviéndose mucho para conseguir lo que quieren: organizan asambleas, ocupan aulas e incluso facultades, se manifiestan... Asi que esperemos que antes de irme a España pueda ver cómo mejora la situación de una juventud unida por conseguir una educación digna para su futuro.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Vamos que nos vamos

“Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar”. Así dice Al Pacino en El Padrino y algo así quiso decir el profesor encargado de ir a mi aula a explicar en qué consistía una beca erasmus. Desde que ese hombre salió de clase supe que yo iba a solicitar aquella beca, supe que tercero de Periodismo iba a ser un año distinto, me di cuenta de que si quería cambiar de aires aquella era mi oportunidad. La visita de aquel hombre a mi aula no fue decisiva para irme, yo siempre había tenido claro que algún día me iría de Erasmus. Lo que no había tenido claro era cuando y donde. El cuando lo tenía delante de mis narices: el curso 08/09 y el donde era cuestión de sopesar todas las opciones que me proporcionaba la universidad. Al final elegí entre tres destinos, y el que me dieron fue Roma. Yo, encantada. Antes ya había visitado esta preciosa (y suicida) ciudad con mis compañeros de Bachiller del instituto y siempre dije que tenía que volver. Mejor oportunidad que la de volver como una estudiante universitaria, y además erasmus, imposible.

No sabría decir cuándo empezó/empieza exactamente la aventura de ser un estudiante erasmus. Si el lunes 22 cuando me suba al avión o aquel día en el que salieron las listas y mi nombre figuraba debajo de La Sapienza (Roma). Desde aquel momento empiezas a pensar cosas, a indagar por Internet, a preguntar a otros erasmus… Pero yo tampoco me lo tomé muy a pecho. Sabía que iba a irme pero no quería agobiarme, lo único que podía conseguir era que entre más información recopilase más dudas fueran asaltándome. Me limité a intentar pasarlo bien durante el verano y a disfrutar de la gente a la que apenas veo durante el curso y a la que veré menos aún durante el siguiente. Lo cierto es que conforme se van agotando los días de verano y se acerca el día de irse más cosas se piensan: qué meto en la maleta, qué hago cuando llegue, en qué hostal me alojo, qué zona es la mejor para vivir una vez allí, cómo será la universidad, qué gente conoceré… La gente. Eso es importante. Piensas en quien conocerás, pero también piensas en los que tienes ganas de perder de vista, en los que no verás hasta que regreses y en aquellos a los que de buena gana te llevarías en la maleta. Piensas en los días que te quedan para irte a vivir un año inolvidable o en los días que te quedan para dejar aquí aquello que es seguro en estos momentos…

A un día de irme no sé realmente lo que siento. Es una mezcla de muchas cosas: miedo, confusión, nostalgia, ilusión, ganas… De todo un poco. Pero lo que más abunda es la ilusión, y al fin y al cabo eso es lo importante. Oportunidades así no se pueden dejar escapar (“Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar”).

lunes, 15 de septiembre de 2008

"Pasaba por aquí y..."

Las estaciones de autobuses, los aeropuertos, el metro, la parada del autobús urbano... Todos ellos son lugares de encuentro, de trajín de gente que va y viene pendiente de sus cosas. Hay veces en las que esos lugares dejan de ser un mero lugar de paso para convertirse en el espacio de una historia. Te cruzas con alguien que es atractivo, o que tiene una mirada especial, o una sonrisa de esas que hipnotizan, o un olor delicioso… En ocasiones cruzamos con ellos una mirada, o algún gesto, o les pedimos fuego a la desesperada, y sino se recurre a pedir la hora después de haber escondido nuestro reloj debajo del jersey… En otras ocasiones no decimos nada, agachamos la cabeza y miramos por el rabillo del ojo, pensamos en cómo será, inventamos su vida y de paso fantaseamos con la nuestra…

Esto no suele suceder todos los días, pero lo cierto es que sucede. En este cortometraje se puede ver una de esas historias que le dejan a uno con un raro sabor de boca una vez que perdemos el tren…


viernes, 5 de septiembre de 2008

Memoria histórica

Recuerdo tantas y tantas veces las historias de mi abuelo… En ocasiones me veo obligada a preguntar a mi madre el desenlace de alguna de ellas o por algún nombre o algún detalle importante. Algunas se me han ido olvidando por mi corta edad cuando me las relataba mi abuelo, y por lo mal que yo las entendía. Todas esas historias tenían algo en común: dolor y rabia. Lo que sí recuerdo perfectamente era su voz empañada por la derrota, sus ojos perdidos qué sé yo dónde y las arrugas de su frente más marcadas de lo habitual. Le hacía daño recordar, pero él veía necesario que esas historias pasaran a las generaciones más jóvenes para que éstas nunca se olvidaran del horror vivido en España hace décadas.

Estos días, en los medios de comunicación se habla de nuevo de la memoria histórica. Que si es o no es competencia del juez Baltasar Garzón, que si a tal político le parece bien y al otro le parece reabrir las heridas. Yo escucho atenta todas estas noticias, me alegro de que al fin “Los Bañezanos” de Izagre puedan entregarse a sus familias, y puedan descansar en un lugar digno. No entiendo cuando algunos dicen que eso es reabrir viejas heridas cuando en realidad no es otra cosa que cerrar las que están abiertas, devolviendo los cuerpos de las fosas comunes a sus familiares. Lejos está ya aquel país de las dos Españas, aquella represión y aquella ausencia de libertad, pero algunos políticos parece que están empeñados en ser ellos quienes hereden las maneras de hacer de entonces, negándose ahora a tener memoria histórica.

Ayer por la tarde, vi en la estantería el gran libro de Ramón J. Sender, “Réquiem por un campesino español”, y lo leí de nuevo. No era la primera vez que lo leía, contemplé de nuevo atónita el horror de la guerra, el sufrimiento del país. La historia de “Paco el del Molino” es la misma que la de “Los Bañezanos”, que la del soldado anónimo que apareció en Cartamoza en Villademor, que la de tantos y tantos que se llevó por delante la guerra y la represión de la dictadura. Algunos políticos parece que no saben cuál fue la historia, se les ha olvidado, o quizá, no quieran recordar…


miércoles, 27 de agosto de 2008

Se acercan cambios

Estoy a apenas un mes de mi escapada a la ciudad de la pasta por excelencia, de la mafia, de la basura en las calles, de las ruinas romanas, de los conductores sin reglas… Hace más de dos meses acababa mi segundo curso en la ciudad de la piedra de Villamayor, del Tormes, de los tunos… He consumido más de la mitad de mis vacaciones. Un verano extraño, en el que no he visto más tierra que la mía: Villademor. He gozado con cada atardecer, he intuido los amaneceres entre los agujeros de la persiana y he saboreado los mejores platos de la cocina de mi madre. He disfrutado con todas esas personas que durante el curso veo una vez cada dos meses… No todo han sido buenos momentos claro está, pero, ¿quién dijo que unas vacaciones son igual que vivir en una burbuja de color rosa?

No he contado exactamente los días que me quedan para pisar suelo italiano y emprender allí un nuevo curso, pero lo cierto es que los días cada vez pasan más deprisa y las noches cunden más ante la incertidumbre de qué será de mi a la llegada. ¿Miedo? Quizá, siempre da miedo alejarse de lo que quieres y acercarte a lo que en un principio puede resultar desconocido. Pero la idea de irme siempre me ha atraído y no iba a dejar escapar una oportunidad así. Me apetece salir a la calle y encontrarme con cosas que no conozco, caminar y fijarme en el camino para saber cómo regresar… La rutina acaba cansando, incluso la de las vacaciones. Nuevos aires están a la vuelta de la esquina. Cuando menos me lo espere, estaré llenando las maletas, despidiéndome. Cuando menos me lo espere, estaré en la habitación de un hostal cutre, con mi maleta, mi portátil, y un montón de recuerdos e incertidumbres en mi cabeza, dispuesta a pasar un año de esos que llaman inolvidables.